Mercado Macabro

Publicado en por Vladimir Alfaro

Por Eduardo Galeano
Tiempos del miedo. Vive el mundo en estado de terror, y el terror se disfraza: dice ser obra de Saddam Hussein, un actor ya cansado de tanto trabajar de enemigo, o de Osama bin Laden, asustador profesional.
Pero el verdadero autor del pánico planetario se llama Mercado. Este señor no tiene nada que ver con el entrañable lugar del barrio donde  uno acude en busca de frutas y verduras. Es un todopoderoso  terrorista sin rostro, que está en todas partes, como Dios, y cree  ser, como Dios, eterno.
Sus numerosos intérpretes anuncian: "El  Mercado está nervioso", y advierten: "No hay que irritar al  Mercado".
Su frondoso prontuario criminal lo hace temible. Se ha pasado la  vida robando comida, asesinando empleos, secuestrando países y  fabricando guerras.
Para vender sus guerras, el Mercado siembra miedo. Y el miedo crea clima.
La televisión se ocupa de que las torres de Nueva York  vuelvan a derrumbarse todos los días.
¿Qué quedó del pánico al  ántrax?
No sólo una investigación oficial, que poco o nada averiguó  sobre aquellas cartas mortales: también quedó un espectacular  aumento del presupuesto militar de Estados Unidos.
Y la millonada  que ese país destina a la industria de la muerte no es moco de pavo.
Apenas un mes y medio de esos gastos bastaría para acabar con la miseria en el mundo, si no mienten los numeritos de las Naciones Unidas.
Cada vez que el Mercado da la orden, la luz roja de la alarma  parpadea en el peligrosímetro, la máquina que convierte toda  sospecha en evidencia. Las guerras preventivas matan por las dudas,  no por las pruebas.
Ahora le  toca a Irak. Otra vez ese castigado  país ha sido condenado. Los muertos sabrán comprender:
Irak contiene  la segunda reserva mundial de petróleo, que es justo lo que el  Mercado anda precisando para asegurar combustible al despilfarro de  la sociedad de consumo.
Espejo, espejito: ¿quién es el más temido? Las potencias imperiales monopolizan, por derecho natural, las armas de destrucción masiva.
En tiempos de la conquista de América, mientras nacía eso que ahora llaman Mercado global, la viruela y la gripe mataron muchos más  indígenas que la espada y el arcabuz.
La exitosa invasión europea  tuvo mucho que agradecer a las bacterias y los virus.
Siglos  después, esos aliados providenciales se convirtieron en armas de  guerra, en manos de las grandes potencias.
Un puñado de países  monopoliza los arsenales biológicos.
Hace un par de décadas, Estados  Unidos permitió que Saddam Hussein lanzara bombas de epidemias  contra los kurdos, cuando él era un mimado de Occidente y los Kurdos  tenían mala prensa, pero esas armas bacteriológicas habían sido hechas con cepas compradas a una empresa de Rockville, en Maryland.
En materia militar, como en todo lo demás, el Mercado predica la libertad, pero la competencia no le gusta ni un poquito.
La oferta  se concentra  en manos de pocos, en nombre de la seguridad universal.
Saddam Hussein mete mucho miedo.
Tiembla el mundo.
Tremenda amenaza:  Irak podría volver a usar armas bacteriológicas y, mucho más grave  todavía, alguna vez podría llegar a tener armas nucleares. La  humanidad no puede permitir ese peligro, proclama el peligroso  presidente del único país que ha usado armas nucleares para asesinar  población civil. ¿Habrá sido
Irak quien exterminó a los viejos,  mujeres y niños de Hiroshima y Nagasaki?
Paisaje del nuevo milenio: gente que no sabe si mañana encontrará qué comer, o si se quedará  sin techo, o cómo hará para sobrevivir si se enferma o sufre un  accidente;  gente que no sabe si mañana perderá el empleo,
o si será obligada a  trabajar el doble a cambio de la mitad, o si su jubilación será  devorada por los lobos de la bolsa o por los ratones de la  inflación; ciudadanos que no saben si mañana serán asaltados a la  vuelta de la
esquina, o si les desvalijarán la casa, o si algún  desesperado les meterá un cuchillo en la barriga;  campesinos que no saben si mañana tendrán tierra que trabajar y  pescadores que no saben si encontrarán ríos o mares no
envenenados  todavía;  personas y países que no saben cómo harán mañana para pagar sus  deudas multiplicadas por la usura.
¿Serán obras de Al Qaeda estos terrores cotidianos?
La economía comete atentados que no salen en los diarios: cada  minuto mata de hambre a 12 niños. En la organización terrorista del  mundo, que el poder militar custodia, hay mil millones de  hambrientos crónicos y
seiscientos millones de gordos.
Moneda fuerte, vida frágil: Ecuador y El Salvador han adoptado el dólar como moneda nacional, pero la población huye.
Nunca esos  países habían producido tanta pobreza y tantos emigrantes. La venta  de carne humana al extranjero genera desarraigo, tristeza y divisas. 
Los ecuatorianos obligados a buscar trabajo en otra parte han enviado a su país, en el año 2001, una cantidad de dinero que supera la suma de las exportaciones de banano, camarón, atún, café y cacao.
También Uruguay y Argentina expulsan a sus hijos jóvenes. Los emigrantes, nietos de inmigrantes, dejan a sus espaldas familias  destrozadas y memorias que duelen.
"Doctor, me rompieron el alma": ¿en qué hospital se curaeso?
En Argentina, un concurso de  televisión ofrece, cada día, el premio más codiciado: un empleo.
Las  colas son larguísimas. El programa elige los candidatos, y el  público vota. Consigue trabajo el que más lágrimas derrama y más  lágrimas arranca.
Sony Pictures está vendiendo la exitosa  fórmula en todo el mundo.
¿Qué empleo? El que venga. ¿Por cuánto? Por lo que sea y como sea.  La desesperación de los que buscan trabajo, y la angustia de los que temen perderlo, obligan a aceptar lo inaceptable.
En todo el mundo  se impone "el modelo WalMart". La empresa número uno de Estados  Unidos prohíbe los
sindicatos y estira los horarios sin pagar horas extra.
El Mercado exporta su lucrativo ejemplo.
Cuanto más dolidos  están los países, más fácil resulta convertir el derecho laboral en  papel mojado.
Y más fácil resulta, también, sacrificar otros derechos. Los papás  del caos venden el orden.
La pobreza y la desocupación multiplican  la delincuencia, que difunde el pánico, y en ese caldo de cultivo  florece lo peor.
Los militares argentinos, que mucho saben de  crímenes, están siendo invitados a combatir el crimen: que vengan a salvarnos de la delincuencia, clama a gritos Carlos Menem, un funcionario del Mercado que de delincuencia sabe mucho porque la  ejerció como nadie cuando fue presidente.
Costos bajísimos, ganancias mil, controles cero: un barco petrolero  se parte por la mitad y la mortífera marea negra ataca las costas de  Galicia y más allá.
El negocio más rentable del mundo genera fortunas y desastres  "naturales".
Los gases venenosos que el petróleo echa al aire son la  causa principal del agujero del ozono, que ya tiene el tamaño de  Estados Unidos, y de la locura del clima.
En Etiopía y en otros  países africanos, la sequía está condenando a millones de personas a  la peor hambruna de los últimos veinte años, mientras Alemania y  otros países europeos vienen de sufrir inundaciones que han sido la  peor catástrofe del último medio siglo.
Además, el petróleo genera guerras. Pobre Irak.
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